La evaluación del TDAH en adultos es un proceso clínico que permite determinar si las dificultades de atención, impulsividad, organización, regulación de la actividad o gestión del tiempo son compatibles con un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
Sin embargo, como en la mayoría de diagnósticos, diagnosticar TDAH no consiste simplemente en realizar un test y comprobar si la puntuación supera un determinado límite. Además, en el caso del TDAH es especialmente complejo porque no existe una prueba específica que permita evaluarlo por sí misma y se requiere de un conjunto de pruebas y baterías neuropsicológicas.
Además, una evaluación rigurosa debe integrar diferentes fuentes de información (família, pareja, paciente, hijos…) y valorar la historia de la persona desde la infancia, su funcionamiento actual y otras posibles explicaciones de las dificultades. El TDAH se trata de un trastorno del neurodesarrollo y como tal, sus síntomas deben estar presentes desde etapas iniciales de la vida. En caso que los síntomas de desatención o impulsividad aparezcan únicamente en la edad adulta, sin estar previamente presentes, se debería descartar éste diagnóstico.
Por este motivo, un cuestionario puede ser útil, pero ninguna prueba aislada permite confirmar o descartar por sí misma un diagnóstico de TDAH. Las guías clínicas recomiendan una evaluación clínica y psicosocial completa.
Índice
- ¿Qué es el TDAH en adultos?
- ¿En qué consiste la evaluación del TDAH en adultos?
- La importancia de conocer la historia desde la infancia
- ¿Qué síntomas se evalúan?
- ¿Qué cuestionarios se utilizan?
- ¿Son necesarias las pruebas neuropsicológicas?
- El diagnóstico diferencial
- ¿Por qué es importante evaluar el funcionamiento?
- ¿Cuánto dura una evaluación?
- ¿Qué ocurre después de la evaluación?
- Conclusión
¿Qué es el TDAH en adultos?
El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por un patrón persistente de dificultades relacionadas con la inatención y/o la hiperactividad-impulsividad, que comienza durante el desarrollo y puede mantenerse en la edad adulta.
En los adultos, la presentación puede ser diferente de la que observamos habitualmente en niños.
La hiperactividad, por ejemplo, puede manifestarse menos como una necesidad evidente de movimiento y más como inquietud interna, dificultad para permanecer quieto durante periodos prolongados o necesidad constante de estar haciendo algo. Por otro lado, la capacidad de atención también suele verse afectada y lo que de niño/a podía ser problemas para escuchar en clase o estudiar, de adulto se pueden ver como personas despistadas, poco conectadas con las conversaciones, caóticas… Éstas etiquetas nacen del desconocimiento de los familiares y la persona con TDAH se suele sentir frustrada e incomprendida. En numerosos casos, la persona con TDAH termina aceptando éstas etiquetas como parte de su identidad y actitud afectando incluso en su autoestima. No obstante, la realidad es que existe una alteración en los sistemas encargados de hacer funcionar correctamente éstos procesos de atención.
También pueden aparecer dificultades relacionadas con:
- Organización.
- Gestión del tiempo.
- Procrastinación.
- Planificación.
- Finalización de tareas.
- Control de impulsos.
- Memoria de trabajo.
- Regulación de la atención.
Estas dificultades, sin embargo, no son suficientes por sí mismas para diagnosticar TDAH. Es necesario determinar si forman parte de un patrón compatible con los criterios diagnósticos y si producen un impacto clínicamente significativo.
¿En qué consiste la evaluación del TDAH en adultos?
La evaluación del TDAH en adultos no consiste en una única prueba.
Se trata de un proceso de evaluación clínica que habitualmente incluye diferentes elementos:
1. Entrevista clínica
La entrevista permite conocer qué dificultades presenta la persona, desde cuándo están presentes y cómo afectan a diferentes áreas de su vida.
No se trata únicamente de preguntar si la persona se distrae.
Es necesario explorar aspectos como:
- Atención sostenida.
- Organización.
- Planificación.
- Gestión del tiempo.
- Impulsividad.
- Inquietud.
- Procrastinación.
- Olvidos.
- Finalización de tareas.
- Dificultades académicas o laborales.
- Relaciones interpersonales.
- Regulación emocional.
También es importante conocer en qué situaciones aparecen las dificultades y si son consistentes en diferentes contextos.
2. Historia evolutiva
Uno de los elementos fundamentales en el diagnóstico del TDAH es conocer cómo funcionaba la persona durante la infancia.
Esto es importante porque el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo. Por tanto, el diagnóstico en la edad adulta requiere investigar la posible presencia de síntomas durante las primeras etapas del desarrollo.
La ausencia de un diagnóstico durante la infancia no significa que el TDAH no pueda haber estado presente.
Algunas personas desarrollan estrategias de compensación que les permiten desenvolverse adecuadamente durante años. También pueden existir dificultades que pasaron desapercibidas porque no generaban problemas suficientemente visibles.
Por este motivo, durante la evaluación pueden explorarse recuerdos de la infancia, informes escolares, información proporcionada por familiares u otros datos disponibles.
Las guías clínicas señalan específicamente la importancia de realizar una historia del desarrollo y valorar la presencia de síntomas desde etapas tempranas.
¿Qué síntomas se evalúan en adultos?
Los síntomas del TDAH se agrupan fundamentalmente en dos dimensiones: inatención e hiperactividad-impulsividad.
Inatención
Puede manifestarse mediante dificultades para:
- Mantener la atención en tareas prolongadas.
- Escuchar cuando otras personas hablan.
- Organizar actividades.
- Finalizar tareas.
- Gestionar objetos o responsabilidades.
- Seguir instrucciones.
- Evitar errores por descuido.
- Mantener la concentración en actividades poco estimulantes.
No significa que una persona con TDAH sea incapaz de concentrarse.
De hecho, puede ser capaz de mantener una atención muy intensa en determinadas actividades (algo que se denomina hiperfoco).
La cuestión clínica es analizar cómo se regula la atención y en qué circunstancias aparecen las dificultades.
Hiperactividad e impulsividad
En adultos puede incluir:
- Inquietud motora.
- Dificultad para permanecer sentado durante mucho tiempo.
- Sensación interna de estar “en marcha”.
- Hablar excesivamente.
- Interrumpir a otras personas.
- Dificultad para esperar turnos.
- Tomar decisiones precipitadas.
La presentación del TDAH puede cambiar a lo largo del desarrollo, por lo que no es adecuado esperar que una persona adulta manifieste exactamente los mismos comportamientos que un niño.
¿Qué cuestionarios se utilizan en la evaluación del TDAH?
Existen diferentes instrumentos estandarizados que pueden ayudar a evaluar los síntomas del TDAH.
Uno de los más conocidos en adultos es el Adult ADHD Self-Report Scale (ASRS), una escala de cribado que se utiliza para hacer una primera aproximación a los síntomas y saber si existen indicios para hacer una evaluación exhaustiva. Sin embargo, la entrevista clínica con un profesional especializado en trastornos del neurodesarrollo suele ser igual o más significativa para el profesional que el cribado.
Es importante distinguir entre cribado y diagnóstico. Un cuestionario de cribado puede indicar que existe una probabilidad elevada de presentar TDAH, pero no establece por sí mismo el diagnóstico.
Por ejemplo, una persona puede obtener una puntuación elevada porque presenta dificultades de atención relacionadas con ansiedad, depresión, falta de sueño, consumo de sustancias u otras circunstancias.
Por este motivo, las guías y consensos clínicos recomiendan no realizar el diagnóstico basándose exclusivamente en escalas de síntomas.
¿Son necesarias las pruebas neuropsicológicas?
Esta es una de las dudas más frecuentes cuando una persona busca una evaluación del TDAH en adultos.
Las pruebas neuropsicológicas pueden proporcionar información interesante sobre diferentes procesos cognitivos, como:
- Atención.
- Memoria de trabajo.
- Velocidad de procesamiento.
- Control inhibitorio.
- Flexibilidad cognitiva.
- Planificación.
Sin embargo, no existe un perfil neuropsicológico único que permita diagnosticar TDAH.
Una persona con TDAH puede obtener resultados normales en determinadas pruebas y una persona sin TDAH puede presentar dificultades en algunas de ellas.
El consenso internacional sobre TDAH señala que las pruebas psicológicas de funcionamiento cognitivo pueden mostrar diferencias asociadas al TDAH, pero no deben utilizarse como prueba diagnóstica por sí solas.
Por tanto, su utilidad depende del objetivo de la evaluación. En algunos casos pueden ayudar a comprender mejor el perfil cognitivo de una persona o a explorar otras dificultades, pero no sustituyen la valoración clínica. Lo más frecuente en una evaluación de TDAH es que el profesional utilice un conjunto de pruebas que permitan evaluar tu funcionamiento cognitivo general y entonces con ésta información, la entrevista clínica realizada con el paciente y la información de otros informantes, poder reconocer si existe o no el TDAH.
El diagnóstico diferencial: una parte fundamental de la evaluación
Las dificultades de atención no son exclusivas del TDAH.
Problemas similares pueden aparecer en diferentes situaciones y trastornos, entre ellos:
- Ansiedad.
- Depresión.
- Alteraciones del sueño.
- Estrés crónico.
- Consumo de sustancias.
- Algunos trastornos médicos.
- Determinadas dificultades de aprendizaje.
- Otros trastornos psicológicos.
Por eso, una evaluación rigurosa debe preguntarse no solamente:
“¿Tiene esta persona síntomas compatibles con TDAH?”
También debe plantearse:
“¿Existe otra explicación que pueda explicar mejor estas dificultades?”
Además, el TDAH puede coexistir con otros trastornos. Por ello, detectar ansiedad, depresión, problemas de sueño, consumo de sustancias u otras dificultades no significa automáticamente que no exista TDAH.
Las guías NICE recomiendan valorar específicamente el funcionamiento personal, educativo, laboral y social, así como posibles condiciones coexistentes.
¿Por qué es importante evaluar el funcionamiento?
Los síntomas adquieren relevancia clínica cuando forman parte de un patrón persistente y tienen consecuencias significativas en la vida de la persona. Un trastorno psicológico se caracteriza por la desadaptación o las dificultades que experimenta la persona en su vida. Por eso, durante la evaluación y la entrevista clínica, es importante que el profesional explore diferentes áreas:
Área laboral
Por ejemplo:
- Dificultad para cumplir plazos.
- Problemas de organización.
- Errores por descuido.
- Dificultad para mantener tareas monótonas.
- Procrastinación.
Área académica
Puede incluir:
- Problemas para estudiar de forma constante.
- Dificultades para organizar trabajos.
- Olvidos de fechas o tareas.
- Rendimiento irregular.
Área personal
También pueden existir dificultades en:
- Gestión del hogar.
- Finanzas.
- Organización cotidiana.
- Gestión del tiempo.
- Relaciones interpersonales.
No todas las personas con TDAH tendrán dificultades en todas estas áreas.
Precisamente por eso, la evaluación debe ser individualizada.
¿Cuánto dura una evaluación del TDAH en adultos?
No existe una duración universal.
Una evaluación adecuada requiere el tiempo suficiente para recoger la historia clínica y evolutiva, analizar los síntomas actuales, valorar el funcionamiento y explorar posibles explicaciones alternativas. Una evaluación excesivamente rápida puede dejar fuera información relevante.
Por el contrario, realizar un gran número de pruebas sin una hipótesis clínica clara tampoco garantiza una evaluación de mayor calidad. La calidad de la evaluación depende principalmente de qué información se recoge, cómo se integra y qué hipótesis clínicas se consideran.
En mi caso, personalmente la evaluación suele requerir aproximadamente unas tres o cuatro visitas de una hora. El tiempo también depende de la rapidez en hacer las pruebas de cada persona y del tiempo que necesite para explicar su situación.
¿Qué ocurre después de la evaluación?
Al finalizar el proceso, el profesional debe integrar la información obtenida y explicar las conclusiones de forma comprensible.
Si los resultados son compatibles con TDAH, es importante explicar:
- Qué síntomas sustentan la conclusión.
- Cómo se relacionan con la historia evolutiva.
- Qué impacto tienen actualmente.
- Si existen otras dificultades asociadas.
- Qué opciones de intervención pueden ser adecuadas (tratamiento psicológico, medicación, compensaciones…).
Conclusión
La evaluación del TDAH en adultos es mucho más que realizar un test.
Un diagnóstico riguroso requiere integrar la historia evolutiva, los síntomas actuales, el funcionamiento en diferentes ámbitos y la posible presencia de otras condiciones que puedan explicar o acompañar las dificultades.
Los cuestionarios y las pruebas neuropsicológicas pueden aportar información relevante, pero ninguna de ellas debería utilizarse de forma aislada para diagnosticar TDAH. El diagnóstico debe basarse en una evaluación clínica completa realizada por un profesional con formación adecuada.
Si sospechas que puedes presentar TDAH y las dificultades de atención, organización o impulsividad están interfiriendo en tu vida, una evaluación profesional puede ayudarte a comprender mejor qué está ocurriendo y qué opciones de intervención pueden ser adecuadas.